Después de jornadas de angustia marcadas por incendios fuera de control, la naturaleza dio una tregua en el sur del país. Este domingo llegaron las primeras lluvias a las zonas más afectadas de Chubut, incluyendo el Parque Nacional Los Alerces, Esquel, El Hoyo y Epuyén, lo que permitió un alivio parcial en medio de la emergencia ígnea.
El contraste con el escenario del sábado fue marcado. Durante el fin de semana, el humo redujo la visibilidad a niveles críticos y las llamas llegaron incluso a avanzar sobre el asfalto de la Ruta Nacional 40, lo que obligó a un corte total del tránsito. Con la lluvia, el asfalto quedó mojado y las laderas de las montañas, antes cubiertas de fuego y cenizas, mostraron la tierra oscurecida por la humedad.
En Epuyén, solo en la última semana se quemaron unas 12.000 hectáreas. El sábado, debido a las fuertes ráfagas de viento, el área afectada se duplicó en pocas horas, marcando el momento más crítico del incendio.
La lluvia llegó antes de lo previsto. Los pronósticos más optimistas anticipaban precipitaciones recién para el miércoles, pero pasado el mediodía del domingo el cielo se cubrió de nubes y comenzó a llover, sorprendiendo incluso a los equipos de emergencia que trabajaban en la zona.
Pese al alivio, los especialistas mantienen la cautela. Para considerar que el incendio está contenido o sofocado se necesitarían entre 20 y 30 milímetros de agua caída de manera sostenida. Si bien la lluvia ayuda a bajar la temperatura y a reducir la actividad del fuego, los brigadistas continúan con las tareas para evitar que los focos subterráneos se reactiven cuando el clima vuelva a secarse.
La llegada del agua significó también un respiro físico y emocional para los cientos de bomberos, brigadistas y voluntarios que combaten el fuego desde hace días bajo condiciones extremas. “Ayer el fuego estaba al borde del camino; hoy la montaña respira”, relataron vecinos del paraje Rincón de Lobos, donde la lluvia ayudó a aplacar las cenizas.
Durante la jornada continuó un amplio despliegue operativo. En el terreno trabajan 83 combatientes de distintos Parques Nacionales —Lago Puelo, Nahuel Huapi, Laguna Blanca y Lanín— junto a bomberos voluntarios de la región y de Palena, en Chile, además de pobladores organizados. A ellos se suman 27 combatientes del Servicio Provincial de Manejo del Fuego, abocados a tareas preventivas en el cordón La Momia.
El operativo cuenta además con apoyo aéreo, con la participación de aviones hidrantes y helicópteros con helibalde provistos por la Administración Federal de Emergencias y el Ejército Argentino. En paralelo, se utilizan drones, monitoreo satelital y domos de vigilancia para detectar puntos calientes.
En el plano social, Gendarmería Nacional y la Policía Federal colaboran con tareas de seguridad y asistencia a los pobladores, mientras se realizan relevamientos de necesidades médicas y veterinarias en conjunto con el INTA.

