- Ecógrafos para detectar preñez, robots arrimadores de comida y programas para la gestión integral del tambo.
- Un asesor repasa la evolución de las empresas lecheras en las últimas décadas.
“Hace 24 años que recorro campos como asesor en la zona de Villa María y en los últimos 15 he observado cambios muy significativos en las empresas tamberas. Un ejemplo claro es la incorporación de la ecografía, que transformó la forma de detectar la preñez de las vacas. Hubo muchas herramientas modernas que modificaron sustancialmente los sistemas de producción de leche”, afirma Fabricio Mansutti, un médico veterinario especializado en reproducción animal y titular de la consultora Gestión Productiva Ganadera, que asesora 30 tambos ubicados en una de las principales cuencas lecheras del país.
En el contexto descripto, el rol del veterinario dejó de limitarse a visitar periódicamente los establecimientos y separar vacas vacías de las preñadas en la manga. Hoy, su función es más amplia e incluye el análisis integral de datos de la empresa, la interacción con otros profesionales y la capacitación del personal.
Cambios profundos
Mansutti observa que hay cada vez menos tambos, pero de mayor superficie. Este fenómeno, sumado al recambio generacional, desdibuja la figura tradicional del tambero ordeñador y da lugar a que emerja la del empresario lechero: un perfil más orientado a gestionar el negocio con entusiasmo por la tecnología, muy diferente del productor clásico, cuyo foco estaba puesto en el esfuerzo personal diario. Por esa razón, a lo largo de los últimos años se han observado cambios profundos en las tecnologías de alimentación, sanidad, genética, reproducción y manejo de instalaciones, junto con un mayor uso de registros de datos y una formación más sólida del personal. Todas estas innovaciones se reflejan en avances productivos y, en consecuencia, en mejores resultados económicos.

Fabricio Mansutti, médico veterinario especializado en reproducción animal, asesor de tambos en Córdoba.
En materia de alimentación, muchos tambos de la zona de Villa María han dejado de ser exclusivamente pastoriles y trabajan con nutricionistas en la formulación de raciones. Esta región cuenta con importantes usinas lácteas, como Saputo, Punta del Agua, que compran grandes volúmenes de leche a los tambos cercanos. Muchos de estos han incorporado calles de alimentación con piso de cemento para ofrecer la ración suplementaria. “Estas instalaciones mejoran la eficiencia en el uso del alimento y reducen el desperdicio, especialmente cuando se agregan arrimadores de comida robotizados que funcionan automáticamente y notifican al productor de alguna anormalidad, lo que elimina la necesidad de personal específico para esa tarea”, destaca Mansutti.
“Muchos tambos que suministran la ración TMR a las vacas utilizan tablets conectadas a los mixers, lo que permite conocer la mezcla utilizada, las cantidades distribuidas y los horarios de trabajo. Así, el propietario del establecimiento puede supervisar la operación desde su teléfono celular”, agrega.
Otro avance importante se observa en la maquinaria. En los últimos años se han instalado numerosas ordeñadoras inteligentes, que controlan la velocidad de extracción de la leche y detectan automáticamente casos de mastitis, entre otras funciones. Esto permitió una notable mejora en la eficiencia del proceso.
Las calles de alimentación con piso de cemento y los robots arrimadores mejoran la eficiencia en el consumo de alimento.
Mansutti también resalta los avances en el monitoreo del rodeo. Mediante collares o caravanas electrónicas, es posible detectar celos o problemas de salud y anticipar soluciones. Otra tecnología mencionada por Mansutti son las puertas apartadoras. Con la identificación individual y sistemas de ordeño inteligentes, es posible seleccionar automáticamente a las vacas según su condición, directamente desde el teléfono móvil. Esta tecnología también sustituye al personal necesario para esa tarea.
Reproducción y selección
En reproducción, muchos tambos han eliminado el uso de toros y adoptado la inseminación artificial, apoyada también por la ecografía, que reemplaza al tacto rectal para la detección de preñez. “La ecografía marcó un antes y un después, ya que evita la compresión del útero por la palpación y reduce el riesgo de muerte fetal y aborto; su principal ventaja es que permite ver dentro de la vaca”, ilustra Mansutti. Incluso, con ecografía Doppler es posible detectar preñez a los 18 o 20 días del servicio.
En el terreno de la selección genética, el profesional destaca el aporte de la genómica, que revolucionó la actividad. “Con una simple muestra de pelo se puede disponer de un mapa genético de una hembra a los tres meses de nacida, lo que permite determinar si será una buena, regular o mala productora de leche. Antes de esta herramienta, había que esperar el resultado del primer parto de la vaquillona seleccionada como futura madre”, distingue.
En un reciente viaje organizado por Select Debernardi, Fabricio observó que en Estados Unidos algunos tambos ya aplican genómica a todos las hembras, seleccionan los mejores y las fertilizan con semen sexado para generar abundante reposición de máxima calidad. Las de menor valor genético reciben semen de toros de carne, lo que permite obtener terneros con un valor significativamente superior al del ternero Holstein clásico.
El registro de datos es otro pilar fundamental de la lechería. “Debe ser preciso, completo y abarcar todas las áreas de la empresa”, propone Fabricio. Por ejemplo: se debe registrar la fertilización de cada vaca con semen de determinado toro, los episodios de mastitis, la mortandad de los terneros en la guachera, entre otros aspectos. Así, una buena gestión de datos permite mejorar el rodeo.
Existen diversos softwares para este fin, que permite tomar mejores decisiones. “Por ejemplo, Uniform es un programa que permite llevar todos los registros productivos (litros por lactancia, información reproductiva y sanitaria) y económicos (costos ingresos y resultado final) de manera sencilla”, reconoce el asesor.
Factores clave en la rentabilidad del tambo
Mansutti dice que, más allá de las herramientas que se han incorporado al tambo en los últimos años, los factores que determinan los resultados físicos y económicos de las empresas son de dos tipos. Tranqueras afuera, el driver principal es el clima, que afecta de manera decisiva los planteos pastoriles. Esto se observó en los últimos años en Argentina, con repetidos ciclos productivos condicionados por la sequía.

Los galpones con clima controlado mejoran el comfort de las vacas en ordeño.
El otro factor externo importante son las políticas gubernamentales, que “durante muchos años adoptaron medidas contrarias al sector agropecuario, como retenciones y restricciones a las exportaciones”, critica Mansutti. Frente a ellas, el productor tiene poco margen para defenderse, dado que es tomador de precios de un producto perecedero. Todos los días depende del valor que paga la industria y, además, no le es posible cambiar de empresa receptora con asiduidad.
Los factores que sí pueden manejarse en la empresa tambera, según el profesional, son los vinculados a la eficiencia tranqueras adentro. También, las inversiones —como la construcción de calles de alimentación o la incorporación de sistemas inteligentes de ordeño— y los distintos tipos de asesoramiento —sanitario, nutricional, etc.— permiten, mediante un trabajo conjunto, avanzar hacia un objetivo específico de rentabilidad.
Por último, la mano de obra constituye un aspecto crítico. En muchos tambos no hay personal capacitado para realizar tareas complejas, como la inseminación artificial. Así, un capital muy importante, compuesto por tierra y vacas, queda en manos de personas sin la formación adecuada, lo que repercute de manera directa en los resultados.
Por el contrario, es fundamental capacitar al personal para que cada trabajador sepa qué debe hacer y cómo hacerlo. Por ejemplo, un robot de ordeño que cuesta 150.000 dólares debe ser monitoreado por alguien que conozca profundamente su funcionamiento. Lo mismo ocurre con otras tecnologías de última generación. Paralelamente, “el personal necesita suficiente descanso y buenas instalaciones para su familia, con el fin de asegurar su permanencia a largo plazo dentro de la empresa”, concluye Fabricio.
En síntesis, el negocio del tambo es un planteo integral: vacas enfermas, de mala genética y mal alimentadas no producen buena leche. Para lograr resultados superiores a los tradicionales en cada zona, es imprescindible desarrollar un trabajo interdisciplinario entre técnicos y personal alineados con los objetivos del propietario”, concluye Mansutti.

