La gente anda diciendo que la Argentina mostró una de esas postales que quedan grabadas por lo que revelan del poder y de sus prioridades. Un país que arde por el sur y un gobierno que parece mirar para otro lado.
Se comenta con bronca que la Patagonia se quema. Incendios forestales arrasaron miles de hectáreas, pusieron en riesgo poblaciones enteras y dejaron al descubierto una verdad incómoda: el Estado nacional estuvo ausente o llegó tarde, con recursos limitados y respuestas insuficientes. Brigadistas exhaustos, bomberos voluntarios haciendo malabares y comunidades enteras dependiendo más de la solidaridad que de la planificación oficial. Dicen que cuando el ajuste se convierte en dogma, también se ajusta el cuidado del territorio.
En ese vacío, apareció lo que debería avergonzar a cualquier gobierno. Artistas musicales tomaron la iniciativa y colaboraron con la compra de autobombas y equipamiento para combatir el fuego. Cazzu, María Becerra, Emilia Mernes, La Joaqui, Lali, Trueno y otros músicos pusieron dinero, visibilidad y compromiso para que lleguen motobombas, herramientas y apoyo concreto a quienes están en la primera línea. La gente anda diciendo que estos gestos merecen ser nombrados y reconocidos, porque no se escondieron detrás de discursos ni excusas. Entendieron algo básico que desde el poder parece olvidado: nadie se salva solo.
Y ahí aparece el contraste que indigna. Mientras algunos artistas tienen conciencia social, ayudan a la gente y comprenden que nadie se salva solo, otros eligen cumplir caprichos. El caso más comentado fue el del Chaqueño Palavecino cantando con el presidente Javier Milei, en una escena que muchos sintieron como una burla. La gente anda diciendo que no se trata de folklore ni de gustos musicales, sino de contexto y responsabilidad. Mientras el sur del país se prende fuego y hay familias que lo pierden todo, el Presidente canta, se besa, se muestra relajado y parece esforzarse más por una carrera de cantante fallida o frustrada que por gobernar una Nación de manera justa y equitativa.
Dicen en voz alta que el espectáculo fue bochornoso y vergonzoso, no por lo artístico sino por lo político. Porque un presidente no puede comportarse como si nada pasara, como si gobernar fuera un hobby y no una responsabilidad histórica. Y menos aún cuando habla de los “argentinos de bien”, como si fueran un grupo selecto. La gente anda diciendo algo muy simple: los argentinos de bien somos todos los que habitamos esta Nación, los que trabajan, los que buscan trabajo, los que resisten, los que ayudan cuando el Estado no está.
En el plano económico, volvió a repetirse una escena conocida. Estados Unidos volvió a prestar dinero a la Argentina para poder pagarle al FMI. Pedirle plata a uno para devolverle a otro. Se comenta que el problema no es el préstamo en sí, sino lo que viene después. Porque nadie presta sin cobrar. ¿Cómo se paga esta ayuda? ¿Con más ajuste? ¿Con más entrega de recursos estratégicos? ¿Con alineamientos automáticos y silencios incómodos? La gente anda diciendo que la dependencia financiera siempre termina siendo dependencia política, aunque se la disfrace de respaldo internacional.
Mientras tanto, en la vida cotidiana, los precios no aflojan, los ingresos siguen corriendo de atrás y la paciencia social se achica. En los barrios no se discuten geopolíticas, se discute cómo llenar la heladera, cómo pagar el alquiler y cómo sobrevivir a un verano que expone desigualdades cada vez más profundas.
Dicen que esta semana dejó una imagen difícil de borrar: artistas supliendo al Estado, un país que se quema y un presidente cantando. Una Argentina donde la solidaridad popular intenta tapar agujeros que no deberían existir, y donde el poder parece más cómodo en el escenario que en la emergencia.
Porque gobernar no es cantar mientras el país arde, ni endeudarse sin explicar el costo futuro, ni mirar para otro lado cuando la ayuda llega desde la cultura y no desde el Estado. Gobernar es entender que nadie se salva solo, y actuar en consecuencia.
Eso, esta semana, es lo que la gente anda diciendo.

