Mercado Libre volvió a mostrar números de crecimiento contundentes, pero el mercado financiero respondió con un castigo severo. Tras la presentación de su balance del cuarto trimestre de 2025, la acción de la compañía se desplomó entre un 8% y un 10%, acumulando una caída cercana al 18% en lo que va del mes.
Los resultados operativos fueron sólidos: ingresos por USD 8.760 millones, con un crecimiento interanual cercano al 45%; un volumen bruto de ventas de USD 19.900 millones y transacciones procesadas por Mercado Pago por USD 83.700 millones. Sin embargo, el mercado puso el foco en otros factores. El margen operativo quedó levemente por debajo de lo esperado y la ganancia por acción no cumplió con las proyecciones, lo que encendió las alarmas en Wall Street.
Analistas coincidieron en que la penalización respondió menos al presente que al futuro. La empresa está invirtiendo de manera agresiva para consolidar su liderazgo regional: redujo el umbral de envíos gratuitos en Brasil para fomentar el hábito de compra, expandió el crédito aun a costa de menores márgenes y profundizó su red logística propia, que ya gestiona la mayoría de las entregas sin intermediarios.
Pese a crecer a tasas del 40 al 50% anual desde hace cinco años, la valuación bursátil no acompañó ese ritmo. “Hoy es una empresa mucho más grande y rentable que hace algunos años, pero el mercado todavía no la trata como una blue chip tradicional”, señaló el analista Javier Timerman, al remarcar que compañías consolidadas en Estados Unidos no suelen atravesar estas oscilaciones sin un shock externo relevante.
En paralelo, el frente local sumó un factor de presión adicional. La recategorización automática del monotributo impulsada por el Gobierno, a partir del cruce de datos de billeteras virtuales, comenzó a generar efectos concretos en la economía cotidiana. La Agencia de Recaudación y Control Aduanero, ARCA, incorporó los fondos acreditados en billeteras digitales como ingresos a los fines fiscales, lo que derivó en subas compulsivas de categoría.
El impacto fue inmediato. En distintos puntos del país comenzaron a aparecer comercios que dejaron de aceptar cobros con Mercado Pago. Carteles improvisados y explicaciones directas se repiten: cobrar por QR implica un riesgo fiscal. Para muchos pequeños negocios, una herramienta pensada para facilitar pagos y bancarizar terminó convirtiéndose en una amenaza para su esquema impositivo.
La situación expone una tensión creciente. Mientras el mercado castiga a la empresa por priorizar inversiones de largo plazo, la regulación local desalienta el uso de su principal plataforma de pagos. En pocos días, el caso dejó de ser solo una cuestión bursátil para transformarse en un síntoma más amplio: el choque entre la expansión de la economía digital y un esquema estatal que, en lugar de acompañarla, termina condicionando a uno de sus principales motores.

