La ciudadanía de Perú acudirá a las urnas para elegir a su próximo presidente en un escenario atravesado por la fragmentación política y la desconfianza social.
Con más de 30 fórmulas en competencia, los comicios de 2026 se perfilan como uno de los procesos electorales más abiertos de la región, con altas probabilidades de definirse en una segunda vuelta ante la dificultad de que un candidato alcance el 50% de los votos.
El contexto electoral está marcado por la reciente destitución del expresidente José Jerí, quien permaneció pocos meses en el poder antes de ser removido en medio de denuncias por presuntas irregularidades en el caso conocido como “Chifagate”.
Tras su salida, asumió de manera interina José María Balcázar, quien conduce el Ejecutivo hasta la asunción del nuevo mandatario prevista para el 28 de julio.
La inestabilidad institucional no es un fenómeno reciente: en la última década, Perú tuvo siete presidentes, ninguno de los cuales logró completar su mandato, reflejando una crisis estructural del sistema político.
Entre los principales candidatos aparecen figuras conocidas como Keiko Fujimori, César Acuña, George Forsyth, Rafael López Aliaga y Vladimir Cerrón, entre otros.
La gran cantidad de postulantes evidencia la fragmentación del escenario político, donde ninguna fuerza logra consolidar una mayoría clara.
Además del resultado electoral, el principal desafío para quien resulte electo será reconstruir la confianza de una ciudadanía golpeada por la inseguridad, los escándalos de corrupción y la inestabilidad institucional.
En este contexto, la elección no solo definirá un nuevo gobierno, sino también el rumbo político de un país que busca salir de una prolongada crisis.

