El fuerte incremento en el precio de los combustibles líquidos desde la asunción del gobierno de Javier Milei está generando un cambio marcado en los hábitos de los automovilistas: cada vez más conductores optan por convertir sus vehículos a Gas Natural Comprimido (GNC) para reducir costos.
El impacto es contundente. Llenar un tanque de nafta de entre 55 y 60 litros ya supera los $118.000, mientras que el diésel se ubica por encima de los $133.000. Con valores del litro que rondan los $2.000, el gasto mensual en combustible se volvió difícil de sostener para amplios sectores.
Este escenario explica el crecimiento acelerado de las conversiones. Según datos oficiales, en marzo aumentaron un 40% respecto a febrero y un 70% en comparación con el mismo mes del año pasado. En promedio, se registraron cerca de 300 conversiones por provincia, con picos mucho más altos en distritos como Buenos Aires.
El principal atractivo del GNC es el ahorro: recorrer la misma distancia puede costar hasta un 60% menos. Por ejemplo, mientras 10 litros de nafta implican unos $22.000, el equivalente en GNC ronda los $9.000. En el interior del país, la brecha puede llegar al 50%.
La inversión inicial para instalar el equipo no es menor. Los sistemas más utilizados —de quinta generación— tienen un costo que oscila entre $1,1 y $1,5 millones. Sin embargo, el recupero puede ser rápido: en vehículos de uso intensivo, como taxis o autos de aplicaciones, puede lograrse en pocos meses. Para un uso particular promedio, el plazo estimado es de poco más de un año.
El fenómeno recuerda al auge del GNC tras la crisis de 2001, cuando también se convirtió en una alternativa clave frente a los altos precios de los combustibles tradicionales. Hoy, con una red de más de 500 estaciones en todo el país y corredores estratégicos en expansión, el sistema vuelve a posicionarse como una opción viable tanto para vehículos particulares como para transporte de carga y pasajeros.
El contexto actual muestra que, frente a la presión de los costos, el mercado vuelve a adaptarse. Y en ese proceso, el GNC recupera protagonismo como una solución económica en tiempos de bolsillos ajustados.

