Este 7 de junio, más de 27 millones de ciudadanos peruanos están convocados a las urnas. En estos comicios está en juego mucho más que el mandato presidencial para el período 2026-2031: es la oportunidad de cerrar una severa crisis política que en la última década arrastró al país a tener ocho mandatarios y tres Congresos diferentes. Para garantizar la participación de la comunidad residente en Argentina, se desplegarán distintos puntos de votación.
Keiko Fujimori, líder del espacio de derecha Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, del sello de izquierda Juntos por el Perú, son los candidatos que accedieron al balotaje. En la primera vuelta, y en una oferta electoral que superaba los 30 candidatos, ninguno se sobrepuso de manera contundente: Fujimori lideró los comicios con 17,18%, mientras que Sánchez se metió en la definición con el 12,03% de los votos.
Se trata de la cuarta participación de Fujimori para la presidencia, en una campaña que giró en torno a los ejes de seguridad e inversión, además de intentar sobreponerse a las críticas que la referencian con su padre, el expresidente Alberto Fujimori, al que se lo encontró culpable de hechos de corrupción, autoritarismo y esterilización forzada de mujeres originarias.
Por su parte, Roberto Sánchez levantó las consignas del último mandatario electo, Pedro Castillo -quien continúa detenido-, y concentra el apoyo de las zonas rurales y del sur del país. Aunque intentó acallar los rumores de expropiaciones de compañías mineras y energéticas, dejó trascender sus intenciones de renegociar los acuerdos con las empresas de capital extranjero.
Las encuesta de Ipsos Perú muestra como favorita a Fujimori, con una intención de voto del 38% frente al 35% de Sánchez. En ese marco, la indecisión del 27% de los encuestados no sólo expresa la incertidumbre al respecto del resultado final, sino también la insatisfacción hacia la dirigencia política que marcó la última década de la vida institucional del Perú.

