Más de 27 millones de peruanos acudieron a las urnas para definir quién conducirá el país durante los próximos cinco años en una segunda vuelta marcada por la polarización política, el malestar social y una década de inestabilidad institucional.
La contienda enfrenta a la candidata conservadora Keiko Fujimori, líder de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori, y al dirigente de izquierda Roberto Sánchez, referente de Juntos por el Perú. Ambos llegaron al balotaje con propuestas profundamente diferentes sobre el papel del Estado, la economía y el rumbo político del país.
Las encuestas previas mostraban una diferencia mínima entre los candidatos, anticipando una definición voto a voto. Los primeros relevamientos realizados durante la jornada electoral reflejaron un escenario extremadamente ajustado, con márgenes que se ubicaban dentro del error estadístico.
La campaña estuvo atravesada por debates sobre seguridad, desigualdad social, crecimiento económico y reforma institucional. Mientras Fujimori centró su discurso en el orden, la inversión privada y la lucha contra el delito, Sánchez propuso una mayor intervención estatal, reformas estructurales y una nueva Constitución.
El proceso electoral se desarrolla en un contexto complejo para Perú, que en la última década tuvo una sucesión de presidentes, crisis políticas y enfrentamientos entre los distintos poderes del Estado. Analistas coinciden en que el resultado podría influir de manera decisiva en la estabilidad futura del país.
La expectativa permanece abierta mientras avanza el escrutinio. Debido a la escasa diferencia entre los candidatos y a la llegada tardía de votos provenientes de regiones alejadas, el resultado definitivo podría demorar varias horas e incluso días en quedar completamente consolidado.

