La dirigente de derechos humanos Taty Almeida, una de las figuras más emblemáticas de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, falleció a los 95 años en la ciudad de Buenos Aires. Su muerte generó una profunda conmoción en organismos de derechos humanos, sectores políticos y sociales de todo el país.
Nacida como Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, dedicó gran parte de su vida a la búsqueda de su hijo Alejandro Almeida, secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975. A partir de ese hecho transformó el dolor personal en una lucha permanente por la memoria, la verdad y la justicia.
Con el paso de los años se convirtió en una de las voces más reconocidas del movimiento de derechos humanos en Argentina. Desde Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora participó activamente en movilizaciones, actos públicos, conferencias y actividades educativas vinculadas a la defensa de los derechos humanos y la preservación de la memoria histórica.
Pese a las dificultades de salud que afrontó en los últimos años, continuó participando de actividades públicas. En abril de este año había recibido el título de doctora honoris causa por parte de la Universidad de Buenos Aires, en reconocimiento a su trayectoria y compromiso con las causas de derechos humanos.
Entre sus frases más recordadas quedó una que acompañó su militancia durante décadas: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”, una consigna que se transformó en símbolo de perseverancia para distintas generaciones.
Sus restos serán velados en la sede del sindicato FOETRA, tal como había manifestado su deseo. Diversas organizaciones, dirigentes y referentes sociales expresaron su reconocimiento a una mujer que dejó una huella profunda en la historia reciente del país y en la lucha por los derechos humanos.
