Los relojes inteligentes se han consolidado como soluciones que trascienden la moda y el simple chequeo de la hora. Todos los fabricantes del sector han centrado sus esfuerzos en el monitoreo de variables de salud, como la frecuencia cardíaca, la calidad de sueño y el nivel de oxígeno en sangre, entre otras, también útiles durante la actividad física.
Ahora bien, ¿qué tan fiables son los sensores que incluyen los wearables? Un informe reciente echa un manto de duda respecto a esas utilidades, con una prueba singular. ¿Qué hicieron? Lograron que relojes smartregistren pulso en frutas como manzanas y limones.
Frutas con pulsaciones: ¿los fabricantes de relojes inteligentes nos engañaron?
La publicación española La Razón reveló una capacidad inesperada de los smartwatches, que en una serie de ensayos detectaron frecuencia cardíaca en frutas. 65 por minuto en un limón y 105 en una manzana.

Lo que en primera instancia puede parecer una broma, pronto se transforma en un posible reclamo. ¿Acaso los fabricantes de relojes inteligentes nos engañan al afirmar que detectan las pulsaciones desde nuestras muñecas? Si bien no conviene fiarse al 100% de las estadísticas que arrojan estos dispositivos, tampoco deberíamos escandalizarnos. En cambio, la clave es examinar cómo funcionan esos equipos.
“La realidad es que los relojes inteligentes no están escuchando el corazón, lo que hacen es una estimación basada en la luz”, explica la fuente. Para entender cómo funcionan los smartwatches y sus funciones de monitoreo, hay que observar la cara trasera de la caja, el anverso de la pantalla. Allí hay luces que parpadean y sirven para una técnica que se conoce como “fotopletismografía” o PPG.

La magia de esta tecnología es la siguiente: en cada latido del corazón, a los vasos sanguíneos —también los que se encuentran en las muñecas— llega una cantidad adicional de sangre. Esa variación es detectada por el LED, que encuentra cambios en la cantidad de luz reflejada. Cuanto mayor es el volumen de fluido, menos luz se refleja y viceversa. En resumen, el reloj analiza esas oscilaciones y así calcula el ritmo cardíaco.
Ahora bien, ¿cómo se explica que haga eso mismo en las frutas? Tal como observa la mencionada publicación, el problema es que los relojes smart no saben lo que están analizando. Por eso, si detecta cambios parecidos a los pulsos, los interpretará como latidos.
En este punto, hay que notar que las frutas tienen estructuras internas y señales que confunden a los sensores. Manzanas, limones y otras cuentan con fibras, tejidos vegetales y canales con líquido. Así, cuando se eliminan con el LED de los smartwatches, la luz se dispersa y esas fluctuaciones son interpretadas como pulsos por su similitud con el flujo sanguíneo.
“Lo que demuestra este experimento no es que funcionen mal, sino que lo hacen de una manera diferente a la que imaginamos. No son pequeños médicos observando directamente nuestro corazón, sino instrumentos ópticos que observan patrones de luz y realizan inferencias”, concluye la fuente.
Finalmente, es bueno tener en cuenta que ciertos parámetros son medibles con estas tecnologías —como las pulsaciones—, aunque en otros casos resulta más complejo y por eso conviene interpretar las mediciones con cautela. Por ejemplo, aunque algunos relojes inteligentes ofrecen medición de la presión arterial, los sensores LED no arrojan datos concluyentes al respecto.
Un estudio publicado el año pasado en la revista Experimental Physiology reveló que existen varias limitaciones importantes de los relojes inteligentes a la hora de medir la tensión arterial, incluso en los pocos modelos que imitan a los tensiómetros que utilizan los médicos; y destacó que esos dispositivos deberían ser empleados como complementos y nunca como reemplazo de los equipos de funcionamiento comprobado.

