La gente anda diciendo

La gente anda diciendo que esta semana el Gobierno volvió a mirar hacia 2027 mientras una parte importante del país sigue tratando de resolver el 2026. Javier Milei confirmó que buscará la reelección y aseguró estar haciendo “el mejor gobierno de la historia”, una afirmación que contrasta bastante con su propia admisión de que la…

La gente anda diciendo que esta semana el Gobierno volvió a mirar hacia 2027 mientras una parte importante del país sigue tratando de resolver el 2026. Javier Milei confirmó que buscará la reelección y aseguró estar haciendo “el mejor gobierno de la historia”, una afirmación que contrasta bastante con su propia admisión de que la situación del país “no es buena”. La campaña parece haber empezado temprano: todavía falta mucho para votar, pero ya sobran las promesas de futuro.

En paralelo, el Presidente volvió a defender el rumbo económico y a destacar el crecimiento y la baja de la inflación. Los números oficiales muestran que julio tuvo una inflación del 2,1% y una variación interanual del 33,8%. El problema es que una cosa son las planillas y otra muy distinta es llegar al supermercado, pagar el alquiler o llenar el tanque. La economía puede mejorar en algunos indicadores, pero si el bolsillo sigue sintiendo que cada peso vale menos, la recuperación tarda en convertirse en una experiencia concreta para las familias.

Y mientras desde el Gobierno se celebra el superávit, aparece otra cara de la misma moneda. El Estado logró mantener las cuentas públicas en positivo, pero a costa de una fuerte reducción de la inversión y de las transferencias a las provincias. La pregunta que queda flotando es bastante sencilla: ¿de qué sirve una cuenta ordenada si cada vez cuesta más sostener hospitales, universidades, rutas y servicios? Porque el Excel puede cerrar perfecto, pero la vida no siempre cierra con superávit.

Dicen que uno de los datos que más debería preocupar es el endeudamiento de las familias. Mientras el Gobierno minimiza el problema y sostiene que los niveles de morosidad son comparables con los de otros países, organizaciones sociales y sindicales vienen reclamando respuestas para millones de argentinos que recurren al crédito, las tarjetas y las billeteras virtuales para poder llegar a fin de mes. Cuando pedir prestado deja de ser una herramienta y se convierte en la única manera de comprar comida, pagar servicios o cubrir gastos básicos, algo más profundo que una estadística está fallando.

La realidad también golpeó en el consumo. Las ventas por el Día de las Infancias cayeron un 2,5% respecto del año pasado, incluso con promociones y descuentos. Hasta una fecha tradicionalmente vinculada al consumo familiar mostró las dificultades que atraviesan los hogares y los pequeños comercios. Detrás de cada porcentaje hay un comerciante que vende menos, un trabajador que cobra lo mismo y una familia que tuvo que elegir qué comprar y qué dejar para después.

Así termina la semana: con un Gobierno que habla de crecimiento, superávit y reelección, y con una sociedad que sigue haciendo cuentas para saber si llega a fin de mes. Tal vez la verdadera discusión no sea solamente cuánto crece la economía, sino quiénes pueden sentir ese crecimiento en su propia vida. Porque si el mejor gobierno de la historia necesita que millones de argentinos se endeuden para sostener el consumo, que las provincias reclamen recursos y que universidades y prestadores de salud salgan a protestar, quizá haya que revisar un poco la brújula. No sea cosa de que otra vez esté marcando un norte que solamente aparece en los discursos.