El exintendente de Puelches, Enrique Tomás, conoce de cerca el impacto que tuvo sobre los habitantes del oeste pampeano el cese de los flujos hídricos de los ríos Atuel y Salado. A través de sus redes sociales, reconstruyó parte de la historia de su familia y de una región que, mientras recibió el aporte de esos cursos de agua, contó con lagunas, arroyos y una importante riqueza ictícola.
Fotografías y documentos históricos muestran que las lagunas La Dulce, La Amarga y Urre Lauquen, junto con el río Chadileuvú, fueron escenario de una actividad pesquera de relevancia e incluso de proyectos turísticos que buscaban aprovechar las características naturales de la zona.
Inmigrantes y pescadores
Tomás recordó que su familia, inmigrantes españoles provenientes de Monteagudo, Navarra, se dedicó, entre otras actividades, a la pesca comercial en la laguna La Dulce durante la década de 1940.
Su padre y su tío capturaban principalmente pejerreyes que luego eran comercializados en Santa Rosa y Buenos Aires.
“En la Secretaría de Recursos Hídricos de La Pampa se encuentran fotos de otra gente que se dedicaba a la pesca, ya que eran varios campamentos”, relató.
En sus publicaciones, Tomás compartió imágenes de aquella actividad y fotografías familiares. También mostró un ancla que perteneció a su padre y a su tío y que utilizaban en la embarcación de pesca.
“Estas fotos me las cedió don Carlos Magallanes, oriundo de General Acha, quien había trabajado con mi padre y tío hasta que ingresó al servicio militar. El ancla es de mi padre y tío y se encuentra en casa de una de mis hermanas”, explicó.
El contraste con el presente es marcado: “Hoy, la laguna es un inmenso salitral de aproximadamente 6.500 hectáreas”, señaló.
La escorrentía del Atuel
El sistema formado por los ríos Salado, Chadileuvú y Curacó generó naturalmente, en las cercanías de Puelches, una zona de arroyos y numerosas lagunas conectadas dentro de esa cuenca.
Hasta la construcción del sistema de Los Nihuiles, el río Atuel aportaba importantes caudales de agua dulce que contribuían a mantener un ambiente favorable para el desarrollo de especies como la perca o trucha criolla y el pejerrey.
La abundancia de peces permitió que durante las décadas de 1940 y 1950 se desarrollara una explotación pesquera a gran escala. La actividad alcanzó tal magnitud que el entonces Ministerio de Agricultura de la Nación otorgaba permisos oficiales, cuando La Pampa todavía era un Territorio Nacional.
Los principales emprendimientos se concentraron en la laguna La Dulce y existen registros históricos que señalan una producción de hasta 45.000 kilos de pescado mensuales.
La pesca tenía como destinos General Acha, Santa Rosa y Bahía Blanca, además de Buenos Aires, donde el pejerrey de la zona llegó a comercializarse bajo la denominación de “Pejerrey del Curacó”.
Los antecedentes históricos
Entre la documentación difundida por Tomás aparece un recorte del diario La Capital del 26 de marzo de 1941, que relata la experiencia de un grupo de vecinos de Santa Rosa que realizó una excursión por la región.
El artículo describía la pesca realizada en el Chadileuvú: “En un remanso del Chadileuvú, pescamos más de cien truchas y pejerreyes de buena calidad”.
Los excursionistas —Juan Carlos Zucca, Laureano Anaya, Denis Mayora, Manuel Valerga, Pedro Imas, Francisco González, Sadit Peyregne y Ruperto del Valle— también destacaron el paisaje de la zona y recomendaron nuevas visitas.
Quedaron, según el relato periodístico, “gratamente impresionados” por el entorno y por las sierras de Lihuel Calel.
Un proyecto turístico en 1943
Otro de los documentos recuperados por Tomás es una carta fechada el 26 de diciembre de 1943, enviada por Rafael Robles, oriundo de General Acha, al entonces gobernador del Territorio Nacional de La Pampa, Miguel Duval.
Robles presentó ante el mandatario un proyecto turístico y pesquero para las lagunas La Amarga y La Dulce, en cercanías de Puelches.
El empresario solicitaba una autorización de exclusividad por varios años para concretar una inversión que contemplaba la construcción de una hostería, la instalación de lanchas a remo, una playa y malecones destinados a la pesca.
Paralelamente, proyectaba desarrollar una industria pesquera. Para ello, señalaba que había adquirido dos lanchas a motor, redes y contratado personal especializado.
En su presentación, Robles advertía que se estaba desaprovechando “una riqueza considerable”.
El cambio de una región
Los documentos y fotografías recuperados por Tomás permiten reconstruir una realidad muy diferente a la actual. La región cercana a Puelches fue durante décadas un espacio donde el agua sostenía actividades productivas, recreativas y turísticas y formaba parte de la vida cotidiana de numerosas familias.
El cese de la escorrentía de los ríos Atuel y Salado modificó profundamente ese escenario. Las lagunas y cursos de agua que habían permitido el desarrollo de la pesca fueron perdiendo su condición natural y, con ello, desaparecieron actividades económicas y formas de vida vinculadas al río.
Para los habitantes del oeste pampeano, el corte de los ríos no significó solamente la pérdida de un recurso hídrico. También implicó la transformación de un territorio, el abandono de actividades productivas y, para numerosas familias, un éxodo que dejó atrás bienes, historias y parte de un patrimonio cultural construido durante generaciones.

