Una mujer argentina fueidentificada erróneamente por una herramienta de inteligencia artificial como la persona que aparecía en un video grabado en Ceuta, España, y, a partir de esa vinculación, comenzó a recibir emails y mensajes con amenazas de muerte, de violación y otros ataques.
La señalada es Flavia Broffoni, politóloga y escritora argentina, que en el momento de la filmación del clip se encontraba en Epuyén, Chubut, a miles de kilómetros del lugar donde habían sido registradas las imágenes.
El video mostraba a otra persona, cuya identidad no fue establecida todavía. Además, en grupos de WhatsApp de Ceuta empezó a difundirse la versión de que esa mujer entregaba gas pimienta a inmigrantes marroquíes para que se enfrentaran con las fuerzas de seguridad, una acusación para la que tampoco existen pruebas.

La secuencia comenzó el 26 de agosto, cuando Broffoni recibió un correo electrónico de una persona que no conocía. Al principio ni siquiera lo abrió porque pensó que se trataba de un mensaje enviado por equivocación. “Me alertaban sobre grupos que se estaban organizando en Ceuta para darme una paliza. La verdad es que en ese momento me pareció que no estaba dirigido a mí y lo desestimé”, contó Flavia a Telenoche.
Horas más tarde, cuando volvió a revisar sus correos, descubrió que la advertencia efectivamente estaba dirigida a ella. La remitente le preguntaba si estaba en Ceuta y le aconsejaba que tuviera cuidado. “Me recomendaba no andar sola por la calle porque había grupos que me querían dar una paliza”, relató.
Broffoni comenzó entonces a reconstruir qué había ocurrido. La mujer que le había escrito le envió capturas de uno de los grupos de WhatsApp en los que circulaba su nombre. Allí aparecía la imagen de la persona registrada en el video de Ceuta junto con unaconsulta realizada a una herramienta de Google.
Según explicó,un usuario había tomado una captura del rostro de la mujer y la había utilizado para intentar averiguar quién era. En esa búsqueda también se incorporó como contexto la palabra “activista”.
La herramienta atribuyó la imagen a Broffoni y agregó datos reales sobre su trayectoria, entre ellos que era politóloga, escritora y argentina. Esa combinación de una identificación falsa con información verdadera sobre una persona existente le dio una apariencia de credibilidad a la respuesta. “A partir de eso, sin que nadie chequee, comienza una catarata de amenazas”, explicó Broffoni.
La información comenzó a circular también a través de publicaciones compartidas por cuentas con miles de seguidores. Para entonces, el nombre de la argentina ya había quedado asociado con una mujer que no era ella y con una acusación que tampoco había sido demostrada.
Las amenazas continuaron incluso después de que advirtieran el error
La situación tampoco se detuvo cuando algunos usuarios comenzaron a advertir que la mujer del video no era Broffoni. Según contó la politóloga, hubo personas que comprobaron que la identificación era incorrecta y lo señalaron dentro de las propias publicaciones. Eso no impidió que los ataques continuaran. “Hubo un momento en el que una persona dijo que se fijó quién era y que no era yo. Nadie le prestó atención”, afirmó.
Entre los mensajes que recibió habíaamenazas de agresiones físicas, violación y muerte. Algunas publicaciones llegaron incluso a pedir que fuera atacada o arrojada al mar.
Broffoni aseguró que los mensajes continuaron después de que su nombre fuera retirado de una de las publicaciones originales. “Se eliminó mi nombre de la publicación, pero no se eliminó la referencia a que es una activista argentina, cosa que tampoco es real”, explicó. Y agregó que las consecuencias de aquella primera asociación todavía persisten: “A día de hoy sigue”.
La argentina ya decidió buscar asesoramiento legal y actualmente trabaja con una abogada especializada en derecho informático. El caso, señaló, presenta además una dificultad particular: determinar cómo una herramienta de inteligencia artificial llegó a adjudicarle una identidad a una persona a partir de una fotografía.
Según contó, algunos de los especialistas en tecnología a los que consultó inicialmente le aseguraron que una herramienta de este tipo no debería identificar personas de esa manera.
Desde el punto de vista legal, uno de los desafíos pasa ahora por reconstruir toda la cadena digital: qué imagen se utilizó, qué consulta se hizo, cuál fue la respuesta obtenida, quién comenzó a difundirla y hasta dónde llegó posteriormente esa información.
El episodio también muestra las consecuencias que puede provocar una respuesta automática cuando abandona la pantalla y comienza a circular como si se tratara de un dato comprobado. En este caso, una mujer que estaba en la Patagonia terminó vinculada con un video grabado a miles de kilómetros y recibió amenazas por hechos con los que nunca tuvo relación.

