La sobrecarga de tareas, la hiperconectividad y las dificultades para desconectarse del trabajo al finalizar la jornada son factores que pueden afectar el bienestar emocional. Cuando las exigencias profesionales invaden la vida personal, el organismo permanece en un estado de alerta prolongado que dificulta la recuperación psíquica y favorece el desgaste.
En el marco del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre, especialistas destacaron la importancia de detectar las señales de alarma a tiempo, derribar prejuicios y promover ambientes laborales que contemplen el cuidado emocional.
En un contexto donde la productividad y la disponibilidad permanente suelen ocupar un lugar central, la prevención resulta fundamental para evitar que el agotamiento se prolongue y afecte la vida cotidiana.
“Promover la salud mental requiere vínculos que brinden contención, espacios seguros y momentos de reflexión para conectar con el presente”, explicó Verónica Lapelle, directora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Hospital Italiano. Según sostuvo, estos aspectos son fundamentales para construir un bienestar psíquico duradero en el ámbito profesional.
Las señales que pueden advertir sobre un desgaste persistente
La exigencia de estar disponible en todo momento puede generar la sensación de una amenaza constante e impedir una desconexión efectiva. Cuando la respuesta al estrés se mantiene durante períodos prolongados, pueden aparecer síntomas físicos, emocionales y cambios en la manera de relacionarse con otras personas.
Fátima Barragán, coordinadora de la misma carrera, identificó tres grupos de señales a las que conviene prestar atención:
- Alteraciones físicas y biológicas: dificultades persistentes para dormir, despertares tempranos asociados a preocupaciones laborales, dolores de cabeza por tensión y molestias gastrointestinales.
- Distanciamiento emocional: apatía, indiferencia en los vínculos personales o profesionales y una pérdida progresiva del sentido de propósito.
- Pérdida de interés y cambios emocionales: dificultad para disfrutar de actividades recreativas, sensación de vacío emocional o episodios de llanto sin una causa aparente.
Cuándo buscar ayuda profesional
Las especialistas señalaron que es importante distinguir el cansancio habitual del agotamiento persistente. Mientras que la fatiga cotidiana suele mejorar con el descanso nocturno o durante los días libres, los cuadros más complejos pueden prolongarse incluso al comenzar una nueva jornada y afectar el funcionamiento habitual de la persona.
Reconocer cuándo se necesita ayuda es una parte central de la prevención. El malestar emocional no debe interpretarse como una falta de voluntad, especialmente cuando empieza a interferir en las actividades diarias, el desempeño laboral o la salud física.
Las expertas remarcaron que establecer límites entre el trabajo y la vida personal, contar con espacios de contención y recurrir a profesionales cuando el sufrimiento persiste son medidas importantes para cuidar la salud mental.
La prevención también requiere que las organizaciones promuevan condiciones laborales saludables, respeten los tiempos de descanso y generen ámbitos donde las personas puedan expresar sus dificultades sin temor a ser estigmatizadas.

