El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas volvió a cerrar sin acuerdo la votación para elegir al sucesor de António Guterres. En la sexta ronda, las candidaturas de Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues-Birkett y Rafael Grossi quedaron condicionadas por los vetos de los miembros permanentes, en un escenario atravesado por las tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia.
Grynspan obtuvo nueve votos favorables y cinco negativos, mientras que Rodrigues-Birkett y Grossi recibieron ocho apoyos y seis rechazos cada uno. En los tres casos se registraron dos vetos, suficientes para impedir que avanzaran en esta instancia.
La votación incorporó una modificación que permitió distinguir los sufragios de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— de los emitidos por los diez integrantes no permanentes. Hasta ahora, el sistema de papeletas no permitía identificar con claridad el origen de los vetos y los votos negativos.
Disputas de poder
El resultado expuso nuevamente las dificultades para alcanzar un consenso internacional. Mientras Washington sostiene la postulación del argentino Rafael Grossi, China y Rusia respaldan alternativas que podrían abrir el camino a una mujer en la conducción del organismo multilateral.
La discusión también está atravesada por los reclamos de mayor representación regional. Los países del BRICS han señalado la ausencia histórica de mujeres en la Secretaría General y la escasa participación de América Latina, el Caribe y África en el máximo cargo de la organización.
Grynspan y Rodrigues-Birkett consiguieron tres votos favorables entre los miembros permanentes, mientras que Grossi sumó dos. Sin embargo, el respaldo de una parte del Consejo no alcanza para superar el rechazo de cualquiera de las cinco potencias con derecho a veto.
Malvinas, un factor en la candidatura argentina
La postulación de Grossi enfrenta un obstáculo adicional en la posición del Reino Unido, país que mantiene una disputa de soberanía con la Argentina por las Islas Malvinas desde la ocupación británica de 1833.
Londres continúa rechazando el reclamo argentino sobre el archipiélago, una controversia que suma un componente diplomático a la carrera por la conducción de las Naciones Unidas. Un eventual veto británico impediría que Grossi obtuviera el respaldo necesario, incluso si contara con el apoyo de Estados Unidos y de otros integrantes del Consejo.
Por su parte, Rodrigues-Birkett mantiene apoyos vinculados a las posiciones de China y Rusia, aunque sus antecedentes políticos también generan resistencias en Washington. Sus declaraciones favorables a Fidel Castro durante su trayectoria como canciller de Guyana constituyen uno de los puntos de fricción con la administración estadounidense.
Un desenlace todavía abierto
Los sucesivos intentos fallidos muestran que ninguno de los principales aspirantes logró reunir las condiciones políticas necesarias para avanzar. El mecanismo de elección obliga a encontrar un equilibrio entre las mayorías del Consejo y los intereses de las cinco potencias permanentes, cuyos vetos pueden bloquear cualquier candidatura.
En este contexto, un entendimiento entre Donald Trump y Xi Jinping podría resultar determinante para destrabar las negociaciones. La disputa por el liderazgo de la ONU se desarrolla en paralelo a otras tensiones internacionales, entre ellas la competencia tecnológica, el acceso a minerales estratégicos y la influencia sobre los mercados globales.
Con el final del mandato de António Guterres previsto para dentro de 76 días, la elección continúa sin una definición y con un escenario diplomático marcado por los vetos cruzados.

