Se lo tildaba de favorecer al visitante en tiempos que no era fácil ganar afuera. Él mismo alguna vez argumentó por qué ese pensamiento era erróneo.
Este martes por la tarde falleció a los 77 años el santiagueño Eduardo Alagastino, un árbitro que marcó una época dirigiendo la Liga Nacional, dentro de una prolongada carrera que extendió desde 1972 hasta 2007.
El Mono, como lo apodaban, fue todo un personaje del arbitraje, uno de los pioneros en los inicios de la Liga y cada vez que llegaba a algún lugar decían: `viene el árbitro del visitante’”.
De todos modos, él tenía sus razones para oponerse a ese pensamiento popular. Y así lo explicó en la última charla mano a mano, en su ciudad de orígen.
“¡Sólo un loco quisiera salir a las seis de la mañana por arriba de los techos porque ganó el visitante! Mi mentalidad -aclaró- estaba focalizada en que ganara el mejor”.
–Es decir, usted entiende que cuando dirigía a nivel profesional equiparaba las posibilidades de triunfo.
–Es que, ¿considerás que un equipo iba a recorrer 1000 kilómetros para que después yo desdibujara algo con tal de salir cómodo de la cancha? ¡No! Nunca lo hice. Por eso me recuerdan en cualquier mesa de café que hablen de arbitraje.
–Me imagino que más de un compañero le debe haber sugerido querer salir cómodo de la cancha. ¿Cómo lo manejaba?
–Abiertamente nunca me lo dijeron, pero a la hora de la siesta, cuando mi compañero de turno empezaba a dar vueltas en la cama, era evidente que le tenía miedo al partido.
–¿Notaba eso?
–En la vida no es más quien ha andado, sino quién más ha a observado.
–¿En su momento fue el mejor árbitro de la Liga?
–No tengo dudas de que he sido el bastión de los árbitros y uno de los motivos por los que se está jugando la Liga. Y eso me llena de orgullo. Había que arbitrar antes, ¿eh?
–¿Se sentía protagonista?
–A mí me encantaba que me silbaran. El árbitro forma parte del juego, pero no por pretender ser la estrella. De todos modos, es imposible que el árbitro pase desapercibido. A mí, a veces me decían que quería ser protagonista, pero yo me sentía parte del juego, como podés sentirte vos llevando las estadísticas.
–Hay jugadores que se esconden en la última ofensiva. ¿Usted, como árbitro, era de los que quería tomar la decisión final?
–La gente dice que los finales cerrados son para un infarto, pero quiere eso. Y a mí me pasaba de estar comprometido, participando del juego y tratando de no incidir en el resultado. Había partidos que no quería que terminen, porque disfrutaba.
Así fue Eduardo Alagastino, el mismo que, ya retirado, entendía que “las reglas de juego son para los estúpidos y una guía para los inteligentes”.
“Entonces, -agregó- cómo voy a conformar un grupo que, a base de las reglas, sale a disertar por todas partes. De todos modos, es fácil descalificarme y decir que estoy loco y fuera de contexto”.
En definitiva “El Mono” dejó su sello distintivo.
“He sido valiente. Tuve la mala suerte de que no me mataran en una cancha. Morir en una cancha hubiera sido la felicidad más grande de mi vida. El arbitraje me dio todo”, agradeció.
Que descanses en paz querido Mono! Y gracias por todo lo que hiciste por el básquet.!
Fuente: Yatecuento

