La crisis económica, la caída del poder adquisitivo y la falta de dinero efectivo volvieron a reflejarse en las calles de Santa Rosa con el regreso de los espacios de intercambio comunitario. Este sábado, a las 16 horas, una importante concurrencia de vecinos y vecinas se dio cita en la pérgola de la plaza San Martín para concretar la primera reunión informativa del nuevo club del trueque en la capital pampeana.
La iniciativa, que surgió a través de un grupo de facebook y rápidamente convocó a decenas de interesados, tuvo como objetivo principal que los participantes se conozcan, compartan propuestas y comiencen a definir de manera colectiva el funcionamiento del espacio.
La impulsora del proyecto, Nina Fernández, había manifestado previamente su deseo de que la iniciativa no dependa de una sola persona. Ante las consultas sobre su rol, explicó: “sentí que era importante contarles algo sobre mí. Soy una persona autista. Tengo muchísimas ganas de impulsar este proyecto porque creo profundamente en el valor del trueque y en la solidaridad entre vecinos”.
Fernández aclaró que visibilizar su condición no buscaba generar lástima ni establecer límites al crecimiento de la propuesta, sino fomentar una red autogestionada. “lo cuento porque quiero que este grupo crezca tanto que ya no dependa de una sola persona. La idea nunca fue crear mi grupo. Yo di el primer paso, pero sueño con que sea un espacio de todos y para todos”, sostuvo. Su expectativa es que las tareas se dividan entre la comunidad para garantizar la durabilidad del proyecto en el tiempo.
Durante el encuentro que se desarrolló esta tarde, los asistentes evaluaron la posibilidad de descentralizar los encuentros para llevar los nodos de trueque a diferentes barrios de la ciudad, facilitando el acceso a familias que tienen dificultades para trasladarse hasta el centro de Santa Rosa. Asimismo, se recordó que desde la municipalidad ofrecieron un espacio cerrado y acondicionado en caso de que la iniciativa prospere.
El fenómeno actual evoca inevitablemente los antecedentes de 2001 y 2002, cuando los clubes del trueque se multiplicaron por salones comunitarios, clubes y plazas de Santa Rosa, General Pico, Toay y otras localidades de La Pampa durante el colapso social. En aquel entonces, el sistema se basaba en la figura del prosumidor, donde cada participante ofrecía alimentos, ropa, calzado o servicios a cambio de otros bienes o créditos.
A diferencia de aquellos años, el escenario contemporáneo transcurre en un contexto atravesado por la informalidad laboral, el desempleo y las nuevas tecnologías como redes sociales y billeteras virtuales, configurando una red de contención económica para numerosas familias que buscan hacer frente a la contracción del consumo.

