Vértiz: una sobreviviente de violencia de género contó cómo tardó dos años en planificar su escape

Patricia Lilian Gioffre tiene 53 años y convirtió una década marcada por la violencia de género en un libro. “La de ayer murió, Lilian” nació como un proceso de autoexploración y, según cuenta su autora, como una forma de transformar el dolor en una herramienta para ayudar a otras mujeres que atraviesan situaciones similares. Gioffre…

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Patricia Lilian Gioffre tiene 53 años y convirtió una década marcada por la violencia de género en un libro. “La de ayer murió, Lilian” nació como un proceso de autoexploración y, según cuenta su autora, como una forma de transformar el dolor en una herramienta para ayudar a otras mujeres que atraviesan situaciones similares.

Gioffre vivió durante años en General Pico junto a una pareja que, según relató, la sometió a golpes, amenazas de muerte y distintas formas de violencia. Tuvo dos hijas con él y, cuando entendió que no encontraba otra salida, comenzó a preparar durante dos años un plan para escapar hacia Neuquén.

“Fue el único modo que vi de salir de esa situación”, explicó durante una entrevista con Radio Nacional.

La mujer nació y creció en un campo ubicado en la zona del Meridiano V, entre La Pampa y Buenos Aires. Describió su infancia como “muy feliz” y contó que llegó a General Pico durante su juventud para estudiar. Allí conoció a quien posteriormente se convertiría en su agresor.

Según relató, su hija mayor nació cuando tenía 21 años, comenzó a convivir con su pareja a los 22 y consiguió escapar a los 33. Durante ese período, aseguró que atravesó amenazas, agresiones físicas y dificultades para trabajar.

“Yo considero que fui una persona que no tenía educación emocional”, reflexionó. También explicó que en aquella época existía una fuerte presión social vinculada con casarse, tener hijos y ocupar el rol de ama de casa.

Dos años para escapar

Gioffre contó que durante mucho tiempo recurrió a medidas judiciales que apenas lograban alejar temporalmente a su agresor. La situación cambió cuando su hermana llegó a visitarla durante Semana Santa y advirtió las marcas de violencia que tenía en el rostro.

“Esto no da para más”, le dijo.

Entre abril y junio, su hermana consiguió un monoambiente en Neuquén. Finalmente, el 8 de junio por la noche, Patricia logró escapar junto a sus dos hijas, manteniendo el operativo en secreto.

En ese proceso también recibió ayuda de un juez, quien le dibujó un mapa de Argentina sobre una hoja y le indicó que podía dirigirse a cualquier lugar donde pudiera garantizarles escuela a sus hijas y conseguir trabajo. También destacó el apoyo de un comisario que colaboró con ella y que actualmente ya falleció.

Tras llegar a Neuquén, tuvo custodia policial durante dos meses y buscó reconstruir su vida. Contó que pesaba apenas 35 kilos y que atravesó un profundo deterioro físico y emocional.

“Empecé a sentir el alivio de estar viva porque él me decía: ‘De acá vas a salir muerta’”, recordó.

La escritura como forma de sanar

Durante sus primeros años en Neuquén, Gioffre se dedicó a ayudar a otras personas y creó un grupo de remo para mujeres que atravesaban o habían atravesado cáncer de mama. Sin embargo, una fractura de tobillo la obligó a permanecer en reposo y ese tiempo terminó abriendo una puerta hacia su propia historia.

Comenzó entonces a escribir sobre lo que había vivido.

Al principio, según explicó, las páginas estuvieron cargadas de rabia, odio, dolor e ira. Con el tiempo, ese sentimiento se transformó en agradecimiento por estar viva y en una valoración de las mujeres que habían formado parte de su historia familiar.

“Alivio”, respondió cuando le preguntaron qué encontró en la escritura.

Para Patricia, poner su historia en un libro significó dejar de cargar sola con el dolor. Ahora recibe mensajes de personas que lo leen y le preguntan cómo logró escapar o por qué no pudo hacerlo antes.

Su respuesta apunta a una de las principales dificultades que atraviesan quienes viven situaciones de violencia: cuando una persona permanece durante mucho tiempo dentro de ese círculo, puede resultar muy difícil imaginar una salida.

El libro busca transmitir justamente ese mensaje: que pedir ayuda, reconstruirse y volver a quererse también pueden ser caminos posibles para dejar atrás una historia de violencia.