El mensaje de la Iglesia en el Tedeum: “En la Argentina se está muriendo la fraternidad, la tolerancia y el respeto”

El presidente Javier Milei participa este domingo del tradicional Tedeum por el 25 de mayo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires junto a todo su gabinete, con la presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel. Allí, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, advirtió que “en la Argentina se está muriendo la fraternidad, la […]

El presidente Javier Milei participa este domingo del tradicional Tedeum por el 25 de mayo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires junto a todo su gabinete, con la presencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel. Allí, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, advirtió que “en la Argentina se está muriendo la fraternidad, la tolerancia y el respeto”.

La tensión estuvo presente desde el comienzo, ya que el mandatario no saludo al jefe de Gobierno, Jorge Macri, ni a la titular del Senado, mientras que el año pasado habían ingresado al templo tomados del brazo.

Milei llegó a las 8:49 a la Catedral junto a su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y fue recibido por García Cuerva. Detrás del mandatario ingresaron los ministros de su Gabinete, con Luis Petri, Guillermo Francos y el canciller Gerardo Werthein en primera fila.

“Venimos a pedirle a Dios que la Argentina se cure y viva”, remarcó el arzobispo en su homilía, al mismo tiempo que señaló que “nuestro país sangra en la inequidad”.

El mensaje de García Cuerva en el Tedeum del 25 de Mayo

“El mensaje que compartiré quiere ser un aporte ara todos los actores de la sociedad argentina convencidos que entre todos construimos la patria. Algunas frases puedan ser tomadas de manera aislada para querer alimentar la fragmentación, nosotros venimos a pedirle a dios que la Argentina se cure y viva, experimentamos que se está muriendo la fraternidad, la tolerancia, el respeto. Y si se mueren esos valores, se muere un poco el futuro, las esperanzas de forjar una argentina unida, una patria de hermanos.

Años de promesas incumplidas y estafas electorales nos hicieron perder las ganas de participar, de involucrarnos, y hasta de incumplir con el deber ciudadano de ir a votar, nuestro país también sangra, tantos hermanos que sufren la marginalidad y la exclusión, tantos adolescentes que sufren víctimas del narcotráfico, personas en situación de calle, las familias que sufrieron inundaciones, personas con discapacidad.

Los jubilados merecen una vida digna con acceso a los remedios a la alimentación, muchos podrán ser tristes responsables de esta situación pero la oportunidad de resolverla es hoy. ¿Hasta cuándo deberán reclamar por jubilaciones dignas? La Argentina sangra en la inequidad entre los que se laburan todo y los que viven de privilegio que los alejó de la calle.

A pesar de que hoy nos dice que la Argentina no está muerta sino que estamos adormecidos por la indiferencia y del individualismo. Son los haters de jesus, aquellos que difaman, critican, los que odian y justifican su desprecio, el terrorismo de las redes. Hemos pasado todos los límites: la descalificación, la agresión constante, la difamación parecen moneda corriente.

No podemos construir una nación desde la guerra entre nosotros, todo acto de violencia es condenable y quiebra el tejido social. El que tengo al lado es un hermano, no un enemigo ni un ser despreciable a vencer.

Hoy quisiéramos que volviéramos allí nuestra mirada e imaginemos el abrazo que nos debemos los argentinos, el abrazo que negamos al que piensa distinto o al que tiene otras costumbres o modos de vivir.

Argentina, levantate, ponete de pie, vos podés. Basta de arrastrarnos en las descalificaciones y la violencia. Es hora de ponerse de pie, unidos, no a los empujones en un “sálvese quien pueda”, es con todos, mirándonos a la cara porque nuestras decisiones y políticas públicas tienen que tener rostros completos, historias que nos tienen que conmover.

Muchos hermanos tienen hambre de pan pero todos tenemos hambre de sentido de vida, porque nos hemos acostumbrado a comer el pan duro de la desinformación, el pan viejo de la violencia y la insensibilidad.

Tenemos hambre de solidaridad, de fraternidad, para que la indiferencia, el descrédito y la descalificación no llene nuestras mesas. Tenemos hambre de esperanza capaz de despertar la ternura y sensibilizar la transformación abriendo el camino de la ternura. Todos tienen un papel en la construcción de una sociedad integrada y reconciliada.

La situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas, es un firme llamado a la responsabilidad personal y social. Las nuevas generaciones merecen que les dejemos un país consolidado, un país reconciliado, con nuevos horizontes. No los defraudemos”.