La gestión del presidente Javier Milei atraviesa un escenario económico marcado por un dato inédito en los últimos años: la inversión extranjera directa (IED) neta se volvió negativa, lo que implica que salen del país más capitales de los que ingresan.
De acuerdo a informes del Centro de Estudios Derecho al Futuro (Cedaf), durante el período 2024-2025 la entrada de inversiones cayó un 40% en comparación con el promedio de los últimos 22 años. En paralelo, la salida de capitales alcanzó niveles récord, llegando a ubicarse hasta seis veces por encima de los valores históricos.
El fenómeno no se limita a una desaceleración: el flujo de inversión muestra una tendencia de retiro de actores internacionales. En ese marco, el saldo promedio de la IED pasó a terreno negativo —alrededor de -50 millones de dólares—, en contraste con los valores positivos que se habían sostenido desde 2003.
Datos de la balanza de pagos del Banco Central de la República Argentina reflejan este deterioro, evidenciando una salida neta de capitales. Según el Cedaf, este tipo de comportamiento suele estar vinculado a percepciones de inestabilidad o falta de previsibilidad en el modelo económico.
El impacto también se percibe en el entramado productivo local. Informes difundidos por El Destape señalan que más de 22.000 empresas cerraron desde el cambio de gobierno, a un ritmo superior a 30 por día, en un contexto de fuerte retracción económica.
Lejos de la expectativa de una “lluvia de inversiones”, el escenario actual combina caída en el ingreso de capitales, desinversión y salida de empresas. Incluso en los casos donde persisten inversiones, muchas se limitan al ámbito financiero, sin impacto directo en la producción o el empleo.
El retroceso de la IED también implica una menor generación de nuevos proyectos productivos, lo que profundiza la debilidad general de la economía y condiciona las perspectivas de crecimiento en el corto y mediano plazo.

