La gente anda diciendo

La gente anda diciendo que esta semana hubo algo difícil de disimular: mientras desde el Gobierno se insiste con que el país avanza, en la calle aparecen cada vez más señales que cuentan otra historia. El 7 de agosto, Día de San Cayetano, miles volvieron a pedir lo mismo de siempre: pan y trabajo. Pero…

La gente anda diciendo que esta semana hubo algo difícil de disimular: mientras desde el Gobierno se insiste con que el país avanza, en la calle aparecen cada vez más señales que cuentan otra historia. El 7 de agosto, Día de San Cayetano, miles volvieron a pedir lo mismo de siempre: pan y trabajo. Pero esta vez la postal tuvo un significado todavía más fuerte, porque detrás de cada vela y cada espiga de trigo aparece una realidad que no necesita estadísticas para hacerse notar: conseguir un trabajo digno cuesta cada vez más.

Dicen que el mercado laboral es uno de los grandes puntos débiles de este modelo. Desde el inicio del gobierno de Milei se perdieron cerca de 400.000 empleos formales y alrededor del 45% de la población económicamente activa se mueve en la informalidad. Mientras tanto, se multiplican las historias de personas que necesitan sumar changas, trabajos ocasionales o más de una actividad para completar los ingresos. El santo del trabajo, por estos días, parece tener más pedidos que nunca.

Y como si faltara una postal para entender las prioridades, apareció el dato de los fondos destinados a las rutas nacionales. Durante dos años y medio se recaudaron más de $1,5 billones para obras viales, pero apenas una cuarta parte fue utilizada con ese objetivo, mientras más de $1 billón permanecía colocado en plazos fijos y títulos públicos. O sea: los argentinos pagan el impuesto a los combustibles para mantener las rutas y, mientras los pozos crecen, la plata parece encontrar un camino bastante más cómodo hacia la timba financiera.

La ironía es difícil de ignorar. Mientras los automovilistas esquivan pozos, rompen cubiertas y hacen malabares para circular por rutas cada vez más deterioradas, los recursos destinados justamente a reparar esos caminos aparecen generando intereses en el sistema financiero. Quizás ahora entendamos mejor aquello de que el Estado debía dejar de hacer obra pública: no es que la plata desaparezca, simplemente encontró una ruta alternativa. Y, por supuesto, esa ruta no tiene pozos.

En el plano internacional tampoco hubo demasiada tranquilidad. La relación con Brasil llegó a un punto particularmente delicado después de que el gobierno de Lula decidiera rebajar el nivel de las relaciones diplomáticas con Argentina, luego de las reiteradas críticas e insultos de Milei hacia el presidente brasileño. Brasil es nuestro principal socio regional y uno de los destinos fundamentales de nuestras exportaciones, por lo que convertir una diferencia ideológica en un conflicto diplomático no parece precisamente la mejor manera de defender los intereses argentinos.

Y puertas adentro tampoco faltaron las internas. La pelea entre Milei y Victoria Villarruel volvió a ocupar buena parte de la agenda, con el Presidente calificando a su propia vicepresidenta como opositora e “intrascendente”. A esta altura, la brújula política del Gobierno parece tener un problema bastante particular: en lugar de señalar hacia afuera, cada tanto termina apuntando hacia adentro.

Así terminó una semana en la que las contradicciones volvieron a aparecer por todos lados. Un Gobierno que habla de crecimiento mientras miles buscan trabajo; que recauda para arreglar rutas mientras buena parte de esos fondos duerme en inversiones financieras; que habla de liderazgo regional mientras deteriora la relación con Brasil; y que promete orden mientras las peleas internas ocupan cada vez más espacio.

Quizás por eso la imagen de San Cayetano haya sido la más representativa de estos días. Miles de argentinos haciendo fila para pedir trabajo en un país que tiene recursos, producción y enormes posibilidades, pero donde todavía demasiados tienen que pedirle a un santo aquello que debería garantizar una política económica: trabajo digno, salario suficiente y un futuro que no obligue a vivir de changa en changa. Porque mientras algunos siguen hablando de la Argentina que viene, hay millones que solamente están tratando de llegar a fin de mes.