La victoria de la Selección argentina sobre Inglaterra en la semifinal del Mundial 2026 volvió a instalar el debate sobre la soberanía de las Islas Malvinas, luego de que los jugadores argentinos exhibieran una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” al finalizar el encuentro.
En ese contexto, el periódico británico The Guardian publicó una columna de opinión del periodista Simon Jenkins en la que sostiene que el Reino Unido debería reabrir las negociaciones con Argentina y afirma que “las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre”.
El autor plantea que ningún territorio heredado de la época imperial posee un derecho permanente a mantener su estatus actual y recuerda que el Reino Unido destina alrededor de 60 millones de libras esterlinas anuales para la defensa del archipiélago.
Jenkins también señala que antes de la guerra de 1982 existieron negociaciones entre ambos países para avanzar en una solución sobre la soberanía y recuerda los acuerdos alcanzados en la década de 1970, que permitían vínculos comerciales, sanitarios y educativos entre las islas y el territorio continental argentino.
En su análisis, sostiene que la guerra interrumpió un proceso diplomático que podría haber derivado en una solución negociada y considera que, sin ese conflicto, las islas podrían haber alcanzado un esquema de autonomía bajo algún tipo de tutela internacional.
El periodista también cuestiona que el referéndum realizado en 2013, en el que la amplia mayoría de los habitantes de las islas manifestó su voluntad de continuar bajo soberanía británica, sea considerado el cierre definitivo del debate. A su juicio, las reclamaciones argentinas persistirán y, tarde o temprano, el Reino Unido deberá retomar las conversaciones.
Finalmente, la columna concluye que las Malvinas continúan funcionando como una base militar aislada y sostiene que algún futuro gobierno británico deberá afrontar nuevamente la discusión sobre su estatus, aunque admite que no espera que el gesto realizado por la Selección argentina durante el Mundial produzca cambios inmediatos en la política exterior del Reino Unido.

